
Una rabieta es una manera inmadura de expresar la ira. Los niños suelen tener rabietas cuando se sienten frustrados. Pueden frustrarse porque no les salga bien una tarea, porque no se sienten comprendidos por sus padres o por cualquier situación que les produzca frustración. Una rabieta o berrinche es una demostración explosiva y explícita de un desacuerdo o malestar. Todos tenemos rabietas, tanto niños como adultos, la diferencia entre ambos es que a medida que vamos creciendo vamos aprendiendo a gestionar la ira y los enojos de una forma menos explosiva, vamos comprendiendo más nuestro entorno y a las personas que lo rodean, es decir, vamos adquiriendo herramientas para la gestión de las emociones.
A los dos años de vida los niños comienzan a manifestar rabietas. A esta edad, las rabietas pueden convertirse en una forma de intentar conseguir algo, es decir, descubren el poder que su comportamiento tiene en los adultos. En el momento de la rabieta, el infante puede haberse olvidado del motivo por el cual se enfadó, sólo piensan en la rabia del momento, es un proceso inconsciente. Pero si algo está claro a esta edad es que, aunque no sepan muy bien lo que quieren, seguramente será lo contrario de lo que tienen.
Según Aletha Solter la mayor parte de las situaciones que provocan esas rabietas en los niños/as se pueden agrupar en tres tipos:
Ante un episodio de rabieta lo mejor que podemos hacer como adultos es esperar que pase el malestar del infante, hablar con el niño/a si nos deja, decirle que entendemos que se siente mal por esta o aquella razón, dar alternativas si existen, cogerle en brazos o sentarnos a su altura y aceptar el dolor que nos está mostrando, es decir, mostrar que tiene nuestro apoyo y comprensión, aceptar sus emociones y sentimientos.
Debemos tener en cuenta que los niños tienden a tener más rabietas cuando están cansados (por ejemplo, cuando no han dormido la siesta), cuando tienen hambre o están enfermos, ya que son menos capaces de hacer frente a las situaciones frustrantes. No es aconsejable hacer caso a las rabietas motivadas por una exigencia o por el deseo de llamar la atención del adulto. El niño puede manifestar conductas como gemir, llorar, golpear el piso o la puerta, cerrar una puerta con violencia, o contener la respiración. Mientras el niño/a permanezca en un solo lugar y su comportamiento no sea destructivo se puede dejar tranquilo. Si se observa que un evento en particular va a hacer que el niño/a pierda los estribos, es conveniente tratar de desviar su atención hacia alguna otra cosa. En el momento de la rabieta no se debe razonar con el niño, hay que dejar que el niño recupere el control.
Recomendaciones a la hora de afrontar las rabietas:
Pautas para prevenir la aparición de las rabietas:
Las rabietas no son un fracaso educativo, sino una oportunidad para acompañar y enseñar regulación emocional. Cada episodio es una ocasión para ayudar al niño a poner nombre a lo que siente, a tolerar la frustración y a aprender que sus emociones son válidas, pero que existen formas adecuadas de expresarlas.
Por Rosa Bayón Écija
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