Cuando el cuerpo recuerda: Trauma y el sistema nervioso autónomo

Imagina que tu cuerpo es como un automóvil con un sistema automático que regula cuándo acelerar y cuándo frenar. No necesitas pensar conscientemente en cuándo pisar el freno para descansar o cuándo acelerar para actuar; tu sistema lo hace por ti. Este sistema se llama sistema nervioso autónomo y se encarga, entre muchas otras cosas, de regular nuestras respuestas ante el estrés, el peligro, la calma o la conexión con los demás.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando ese automóvil ha pasado por una tormenta muy fuerte? Imagina que se le ha dañado el sensor de lluvia: incluso en un día soleado, los limpiaparabrisas se activan solos, las luces de emergencia parpadean sin razón y el motor duda antes de arrancar. Algo similar ocurre en nuestro cuerpo cuando ha vivido un evento traumático.

En este artículo aprenderemos los efectos que tienen las vivencias traumáticas en nuestro sistema nervioso.

El trauma no solo se recuerda con la mente, también con el cuerpo

Cuando vivimos una experiencia abrumadora (un accidente, una agresión, una pérdida repentina, entre otros), nuestro sistema nervioso reacciona de forma intensa para protegernos. Se activa la respuesta de lucha, huida o congelación, según lo que percibamos que puede salvarnos en ese momento.

  • Luchar significa que el cuerpo se prepara para enfrentar el peligro directamente (por ejemplo, empujar o gritar).
  • Huir implica que el cuerpo busca escapar lo más rápido posible.
  • Congelarse es cuando sentimos que no podemos movernos ni reaccionar, como si el cuerpo se apagara temporalmente para sobrevivir.

Estas reacciones son automáticas, no las elegimos conscientemente, y son mecanismos de supervivencia profundamente grabados en nuestro sistema. Esto es completamente normal y saludable.

Pero si ese evento supera nuestra capacidad de procesarlo o no tuvimos la oportunidad de resolverlo de forma segura, el sistema puede quedarse “atascado” en modo alerta. El cuerpo comienza a actuar como si el peligro aún estuviera presente, aunque haya pasado mucho tiempo. Es como si ese automóvil activara todos sus mecanismos de emergencia, aunque estemos estacionados en un lugar seguro.

El sistema nervioso autónomo tiene dos grandes ramas que trabajan juntas:

  • El sistema simpático, que nos prepara para la acción (como si pisáramos el acelerador).
  • El sistema parasimpático, que nos ayuda a relajarnos, digerir, descansar y conectarnos (como el freno del coche).

En una persona que ha vivido un trauma, este equilibrio puede alterarse. Algunas personas se quedan atrapadas en una constante activación simpática: siempre en alerta, con ansiedad, dificultad para dormir, sobresaltos, tensión muscular. Otras pueden tender más hacia una activación parasimpática extrema: sentirse desconectadas, apáticas, con fatiga profunda, como si su cuerpo “se apagara” para protegerse.

En este último caso, también puede aparecer un fenómeno llamado disociación, que es una forma en la que la mente y el cuerpo se desconectan entre sí para sobrellevar lo insoportable. La persona puede sentirse como si no estuviera en su cuerpo, como si estuviera viendo su vida desde afuera o como si lo que le ocurre no fuera real. Es una respuesta automática del sistema nervioso para amortiguar el impacto emocional del trauma, pero que, sostenida en el tiempo, puede dificultar mucho la conexión con uno mismo y con el entorno.

¿Cómo sanar?

La buena noticia es que nuestro sistema nervioso también es plástico: puede aprender, reajustarse y recuperar su equilibrio. Aquí es donde intervienen las terapias psicológicas especializadas en trauma, como la terapia somáticaEMDRterapia sensoriomotriz, entre otras.

Estas terapias no se enfocan solo en “hablar” del trauma, sino en ayudar al cuerpo a sentir seguridad nuevamente, a que reconozca que el peligro ha pasado. Es como llevar ese automóvil al taller, revisar los sensores, limpiar el tablero y volver a calibrar el sistema para que pueda funcionar en armonía.

Un mensaje final

Si sientes que tu cuerpo reacciona de forma desproporcionada o inesperada ante ciertos estímulos, si te cuesta relajarte o, por el contrario, te sientes desconectado de ti mismo, no estás solo/a. Estas son respuestas normales a experiencias anormales. Tu sistema nervioso hizo lo mejor que pudo para protegerte.

Con apoyo adecuado y espacios seguros, puede volver a encontrar el equilibrio. Y tú, volver a sentirte en casa en tu propio cuerpo.

Por María Belén Villegas

CONSULTA MADRID

CONSULTA DUBLÍN

Scroll al inicio